Lección 121

Un cerrojo cuida algo de mucho valor, pero el ego también suele darle valor a lo que no lo tiene por eso crea cerrojos para no acceder a lo que lo deshace.

Hoy se nos da la LLAVE para acceder a la felicidad, y no cualquier llave, se nos da la del Perdón!!!! Habíamos creído que la felicidad la daba cualquier otra cosa, que ella dependía de muchos esfuerzos, cuando depende de una decisión.

Y quien se niega a usarla se está debatiendo entre un mundo de intenso dolor que solo lleva a infringirse cada vez más daño, entrando a un mundo de insensateces y de incomprensión , en donde todo le confunde, le aturde y le bloquea la oportunidad de ver.

Quien juzga no quiere ver, pues le teme a La Luz, no quiere el silencio pues le teme a su voz, le huye al ruido pues le estremece su sonido, no se indaga pues cree que lo sabe todo, no perdona pues siente que si lo hace pierde, ve a al otro como a un rival y no como el regalo que le da la oportunidad del perdón para alcanzar en Él su Salvación.

El perdón no hace parte de lo que Dios nos dio pues Él, nos hizo perfectos; ese fue el regalo que nos dio el Espíritu Santo para salir de nuestra ilusión cuando nos hallamos separados De Dios, y con eso fabricamos el pecado que no es nada más que la manifestación del miedo, y eso es lo que expresan todos aquellos a los que hemos elegido condenar con nuestro juicio; miedo, y es que no se puede sentir otra cosa cuando percibimos que estamos separados de nuestro creador, terror; al pensar que necesitamos defendernos para demostrar quienes somos, pánico; al cederle el poder de nuestra vida a nuestras emociones en medio de la inseguridad, angustia; al pensar que nos destruiremos si decidimos amar y todo esto concluye en actitudes que desatan guerras violentas contra nosotros mismos que luego se proyectan en los demás.

Perdonar entonces requiere un maestro que nos recuerde que “quien esté libre de pecado, tire la primera piedra” o es que acaso no hemos sentido el resumen de todo lo anterior? Y en consecuencia, no hemos pues actuado alguna vez con tal desfachatez? Todos hemos olvidado! por lo tanto todos, hemos cometido errores producto de un solo error, sentirnos separados De Dios; así que este es el único error a perdonar en esta proyección. Más, si hoy recordáramos que jamas nos separamos, que nunca hemos abandonado al Padre y que el tampoco nos abandonó, que todos estamos dormidos en medio de un sueño buscando respuestas en múltiples situaciones y culpando a otros por algo que nunca existió. Si lo recordamos sólo habrá una cosa que perdonar, al habernos creído todo esto y de esta forma, abriremos la puerta que El ego bloqueó atesorandose a él mismo para no perderse, esa misma puerta que nos conduce al tesoro real de la Felicidad, donde los sentidos desaparecen y comenzamos a ver con el ojo del alma porque el del cuerpo, sólo obedece a los caprichos del ego que se resiste a ser realmente Feliz.

Así que cada vez que alguien no te perdone, solo perdónate por esto y regrésale su perdón saliéndote del sueño para ver en Él la morada De Dios a través del amor, y agradécele por la oportunidad de encontrar en Él la llave que hoy te revela la felicidad, así te das y le das incluso a quien cree que no ha querido ni dar, ni recibir.

Práctica:

Comienza las sesiones de práctica más largas pensando en alguien que no te cae bien, alguien que parece irritarte y con quien lamentarías haberte encontrado; alguien a quien detestas vehementemente o que simplemente tratas de ignorar. La forma en que tu hostilidad se manifiesta es irrelevante. Probablemente ya sabes de quién se trata. Ese mismo vale.

Cierra ahora los ojos y, visualizándolo en tu mente, contém­plalo por un rato. Trata de percibir algún atisbo de luz en alguna parte de él, algún pequeño destello que nunca antes habías notado. Trata de encontrar alguna chispa de luminosidad bri­llando a través de la desagradable imagen que de él has formado. Continúa contemplando esa imagen hasta que veas luz en alguna parte de ella, y trata entonces de que esa luz se expanda hasta envolver a dicha persona y transforme esa imagen en algo bueno y hermoso.

Contempla esta nueva percepción por un rato, y luego trae a la mente la imagen de alguien a quien consideras un amigo. Trata de transferirle a éste la luz que aprendiste a ver en torno de quien antes fuera tu “enemigo”. Percíbelo ahora como algo más que un amigo, pues en esa luz su santidad te muestra a tu salvador, sal­vado y salvando, sano e íntegro.
Permite entonces que él te ofrezca la luz que ves en él, y deja que tu “enemigo” y tu amigo se unan para bendecirte con lo que tú les diste. Ahora eres uno con ellos, tal como ellos son uno contigo. Ahora te has perdonado a ti mismo. No te olvides a lo largo del día del papel que juega la salvación en brindar felicidad a todas las mentes que no perdonan, incluyendo la tuya. Cada vez que el reloj dé la hora, di para tus adentros:

“El perdón es la llave de la felicidad.
Despertaré del sueño de que soy mortal, falible y lleno de pecado, y sabré que soy el perfecto Hijo de Dios.”