La decisión que rompe con cualquier error de proyección es la de ver con claridad nuestra esencia, lo que somos, la parte que Dios creo desde su perfecto amor, esa que sabe que jamás se separa de Él y que sólo puede expresar su verdad y que cualquier otra expresión no es más que parte del sueño del alma que pretendió olvidar su origen, cuya función termina cuando deje de percibirse como una criatura independiente que reconoce el temor y el dolor como si fuese merecedor de eso.
Un hijo De Dios despierto entiende el significado de la expiación, la corrección del error y la elección de ver que el fruto de tal decisión desencadena la visión del Ser real que es, que no busca la
Felicidad sino que es la felicidad en sí mismo, que no busca La Paz sino que es La Paz en sí mismo, que no busca el amor porque es el amor en sí mismo; recordar que estamos de regreso morando con nuestro Padre nos llena cualquier espacio y el vacío desparece, nos ilumina y la oscuridad no tiene lugar.
Así que hoy celebremos con gratitud que hemos encontrado el propósito de esta experiencia que llamamos vida, y con esto nos hemos liberado de la idea de estar sin rumbo, pues ya hemos encontrado nuestro destino y nada lo puede cambiar, porque Dios jamás cambia, es y será siempre el mismo, como lo son sus hijos. Celebremos el fruto que esto nos da, la confianza, la seguridad, la certeza que sólo nos trae la decisión de recordar quienes somos.
Práctica:
Dedica cinco minutos en la mañana y cinco y la noche inicia con este pensamiento:
“Aceptaré la Expiación para mí mismo, pues aún soy tal como Dios me creó.”
Permanece por los cinco minutos meditando en el significado que esto tiene, sintiéndolo, experimentándolo, disfrutándolo.
Si la mienten durante el día te sorprende queriéndote regresar al error, cancélalo repitiendo:
“Aceptaré la Expiación para mí mismo, pues aún soy tal como Dios me creó.”
