Lección 150

Llegamos al final de nuestro cuarto repaso, y en él vemos como desde la primera lección hemos venido entrenando nuestra mente para el encuentro Santo, ese instante en el que nos unimos perfectamente con Dios, en donde advertimos nuestra inmaculauda Concepción y a través de ella podemos borrar cualquier fantasía e ilusión; aquí, desaparece la culpa, el miedo, la enfermedad, el dolor, el juicio, el rencor.

Volver a Dios en un solo momento nos recuerda la verdad de la unidad y en ella nos percibimos como Él nos ve y desde ahí percibimos al mundo tal cual, a cada Ser ya dejamos de separarle y con esto sanamos nuestras mentes, las liberamos y nos salvamos del único pensamiento que debemos recordar que jamás existió. El pensamiento de haber salido del lado De Dios.

Práctica para hoy:

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios”

Cinco minutos en la mañana y cinco en la noche céntrate en el silencio mientras recibes el mensaje que Dios te concede.

Luego lee pausadamente cada lección:

(139) Aceptaré la Expiación para mí mismo.
(140) La salvación es lo único que cura.

Repite Durante el día cada hora:

“Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios”

Y las dos lecciones:

(139) Aceptaré la Expiación para mí mismo.
(140) La salvación es lo único que cura.

Al final del día, recibe el gozo de percibir la gratitud De Dios hacia ti, por estar cumpliendo con su voluntad de amor y perdón