Reconocer que nuestra morada jamás ha cambiado por encima de todas las manifestaciones que se presentan como evidencia para convencernos de lo contrario, es el fruto de recordar que somos parte inseparable De Dios.
Venimos a esta experiencia a la que le llamamos “vida”ocupando un lugar con nuestro cuerpo por un tiempo determinado, en esa estadía nos identificamos permanentemente con el miedo, producto de la idea de debilidad que proceda de un estado de soledad. Creemos que todo recae sobre nuestros hombros, que hay momentos en los que los ojos De Dios se cierran y sus oídos nos nos escuchan o somos nosotros quienes ignoramos la posibilidad de verle y escucharle. Cualquiera de las dos elecciones producen miedo!
Mas nosotros al caminar en este sendero cada día vamos recordando con mayor claridad cuál es nuestro lugar y como percibimos. Ahora mismo entramos en presencia del Padre, allí en su santa morada, acaba cualquier distracción o idea de estar perdidos, pues ya sabemos que nuestro destino no es ningún lugar que lo anteceda un camino largo que se compare con los lineamientos del tiempo y el espacio, pues ya estamos listo porque Dios nunca ha abandonado su lugar y nosotros jamás hemos dejado de ser sus hijos, por consiguiente estamos en casa y eso es lo real.
Estando en casa con el origen del amor, que idea de miedo podría morar allí?
Práctica:
“Hoy damos gracias de que Cristo haya venido a buscar en el mundo lo que es Suyo. 2Su visión no ve extraños, sino que contempla a los Suyos y se une a ellos jubilosamente. 3Ellos lo ven como un extraño, pues no se reconocen a sí mismos.4No obstante, a medida que le den la bienvenida, lo recordarán. 5Y Él los conducirá dulcemente de regreso a su hogar, donde les corresponde estar.
10. Cristo no se olvida de nadie. 2No deja de darte ni uno solo de tus hermanos para que los recuerdes a todos, de manera que tu hogar pueda ser pleno y perfecto, tal como fue instituido. 3Él no se ha olvidado de ti. 4Mas tú no lo podrás recordar a Él hasta que contemples todo tal como Él lo hace. 5El que niega a su hermano lo está negando a Él, y, por lo tanto, se está negando a aceptar el don de la visión mediante el cual puede reconocer a su Ser claramente, recordar su hogar y alcanzar la salvación.”
Recuerda esta idea y mantén presente su significado durante el día:
“Yo estoy en mi hogar. El miedo es el que es un extraño aquí.”
