El castigo fue enseñado como parte del aprendizaje. Crecimos creyendo que la perfección se encontraba en lo externo y que cuando no la alcanzamos no había aceptación, de allí el juicio. Una observación de separación con el significado del error.
Fuimos castigados y castigamos, por la culpa de creer merecer el castigo, pues no alcanzamos la perfección.
Y
Cada juicio que hacemos solo es el producto del temor y en ese temor somos sacrificados creyendo que con la crítica alcanzaremos la salvación, pues al hacerla nos sentimos superiores y diferentes a las conductas que repugnamos y con esto fortalecemos el rechazo del otro y empoderamos la idea de la separación.
Dios no quiere ningún hijo crucificado, Dios quiere hijos despiertos que recuerden que ya ese peso fue llevado por su Hijo, y en honor a él no hemos de poner más clavos en su cruz pues cada insulto, menosprecio, juicio hacia el otro es revivir ese momento en esta ilusión.
El dolor es parte de este mundo,
Y solo tú y yo seremos capaces de deshacernos de él cuando nos veamos en la santidad que el Padre nos dio.
Práctica:
Inicia tu día, recordando las conductas temerosas a las que has dado a lugar en tu Confusión y con ello ha quienes se las has impugnado. Siento lo que has fabricado y observa como te las has hecho a ti mismo; en ese momento recuerda:
“Es únicamente a mí mismo a quien crucifico.”
Luego recuerda que Cristo bajó De la Cruz resucitado, y experimenta el significado de la Resurrección que no es nada más que la experiencia del verdadero amor. Un hermano que por amor se ha unido a todos y todos han sido unidos a Él para volver a la Padre.
Durante el día cuando te veas tentado a enjuiciar o criticar, repite:
“Es únicamente a mí mismo a quien crucifico.”
La misma práctica de la mañana, repítela en la noche.
