Hemos buscado La Paz afuera, le hemos dado esa función a cosas, eventos y personas y con esto hemos intentado sustituir la función De Dios, en consecuencia, hemos creado ídolos.
Hoy reconocemos con alegría y gratitud que se ha acabado la búsqueda porque no hay donde más ir que a su Santa presencia, allí está todo lo que necesitamos, en nuestra llegada a casa, nuestra percepción más cercana al Cielo donde no hay errores ni nada que cambiar, porque en la casa De Dios todo es perfecto.
Así que al mismo tiempo como no hay que buscar, tampoco hay nada que perder, y ninguna circunstancia habrá de alterar La Paz De Dios que es ajena a cualquier expresión del mundo que vemos.
Práctica:
Al comienzo y final de este día, regresa a casa iniciando con el pensamiento:
“No hay más paz que la paz de Dios, y estoy contento y agradecido de que así sea.”
Luego reúnete con el Padre permítele que comparta esa paz que siempre ha dispuesto ahí dentro de ti para que la disfrutes, la percibas, la celebres y te eleves a través de la gratitud que te permitirá expander y compartir la presencia De Dios entre tú y tus hermanos.
Durante el día mantén presente esta idea, repítela cuantas veces te sea posible, si algo te distrae y en esa distracción sientes que pierdes, recupera la cordura invocando el pensamiento:
“No hay más paz que la paz de Dios, y estoy contento y agradecido de que así sea.”
