-No soy víctima del mundo que veo.
-He inventado el mundo que veo.
-Hay otra manera de ver el mundo.
-Podría ver paz en lugar de esto.
-Mi mente es parte de la de Dios. 2Soy muy santo.
Explicación:
Iniciamos una nueva semana de nuestro entrenamiento, y este nos invita a percibir la libertad, el gozo que renueva nuestras fuerzas al comprender que la llave de nuestro bloqueo es el perdón.
Imaginemos que estamos limitados en un espacio en el que sentimos miedo, angustia, dolor, que además nos vemos obligados a escondernos porque creemos que si nos ven nos atacarán, que la única manera de superar esto es huyendo de allí pero …cómo? si es un lugar de alta seguridad; parece imposible verdad ? y además torturador….
Que diríamos si supiésemos que hemos sido nosotros mismos quienes construimos este sitio con todas sus características aterradoras y apabullantes y también que al construirlo dejamos en nuestro poder la llave para salir…
Así tal cual es nuestra vida, nadie más que nosotros decidimos que nos rodea y hasta cuando vivimos en esa escena, pues nos hemos condenado a la falta de perdón, sentenciándonos según nuestra visión humana, delegando el origen de nuestro dolor a lo que conocemos como dios, cuando el único Dios real no nos ha dado más que su mente para que seamos libres en su santidad.
Elegiremos pues, la prisión o la
Libertad?
Práctica:
Continúa de la misma manera que las dos semanas anteriores, en la mañana y en la noche, repasa las siguientes lecciones con su explicación, meditando en ellas por dos minutos, durante la meditación deja que fluya todo lo relacionado a lo que se te va revelando, mantente en silencio hasta el final.
Y en el transcurso del día, ve pensando en cada lección y si te es posible hazlo con los ojos cerrados, dedica un buen tiempo a cada lección para que así la vayas asimilando mejor.
Repasemos hoy las siguientes ideas:
1. (31) No soy víctima del mundo que veo.
2¿Cómo puedo ser la víctima de un mundo que podría quedar completamente des-hecho si así lo eligiese? 3Mis cadenas están sueltas. 4Puedo desprenderme de ellas sólo con desearlo. 5La puerta de la prisión está abierta. 6Puedo marcharme en cualquier momento sólo con echar a andar.7Nada me retiene en este mundo. 8Sólo mi deseo de permanecer aquí me mantiene prisionero. 9Quiero renunciar a mis desquiciados deseos y caminar por fin hacia la luz del sol.
2. (32) He inventado el mundo que veo.
2Yo mismo erigí la prisión en la que creo encontrarme. 3Basta con que reconozca esto y quedo libre. 4Me he engañado a mí mismo al creer que era posible aprisionar al Hijo de Dios. 5He estado terriblemente equivocado al creer esto, y ya no lo quiero seguir creyendo. 6El Hijo de Dios no puede sino ser libre eternamente. 7 Es tal como Dios lo creó y no lo que yo he querido hacer de él. 8El Hijo de Dios se encuentra donde Dios quiere que esté y no donde yo quise mantenerlo prisionero.
3. (33) Hay otra manera de ver el mundo.
2Dado que el propósito del mundo no es el que yo le he asignado, tiene que haber otra manera de verlo. 3Veo todo al revés y mis pensamientos son lo opuesto a la verdad. 4Veo el mundo como una prisión para el Hijo de Dios. 5Debe ser, pues, que el mundo es realmente un lugar donde él puede ser liberado. 6Quiero contemplar el mundo tal como es y verlo como un lugar donde el Hijo de Dios encuentra su libertad.
4. (34) Podría ver paz en lugar de esto.
2Cuando vea el mundo como un lugar de libertad, me daré cuenta de que refleja las leyes de Dios en lugar de las reglas que yo inventé para que él obedeciera. 3Comprenderé que es la paz, no la guerra, lo que mora en él. 4Y percibiré asimismo que la paz mora también en los corazones de todos los que comparten este lugar conmigo.
5. (35) Mi mente es parte de la de Dios. 2Soy muy santo.
3A medida que comparto la paz del mundo con mis hermanos empiezo a comprender que esa paz brota de lo más profundo de mí mismo. 4El mundo que contemplo ha quedado iluminado con la luz de mi perdón y refleja dicho perdón de nuevo sobre mí. 5En esta luz empiezo a ver lo que mis ilusiones acerca de mí mismo ocultaban. 6Empiezo a comprender la santidad de toda cosa viviente, incluyéndome a mí mismo, y su unidad conmigo.
