Lección 73

Tenemos deseos por los que luchamos, deseos que nos invitan a competir, a demostrar a comparar, estos completamente alejados de los deseos de nuestro corazón, por eso separan, sí, nos separan de nuestro Padre en donde todos somos uno, porque nos lleva a elegir y en esa lección dividimos y engendramos resentimientos.

Nuestra Voluntad y la De Dios son una sola, y puede ser una porque no hay nada más que exista, Dios solo creo su extensión en todo lo que hay, cualquier otra cosa que veamos ha sido la fabricación manifestada por nuestro ego, el reflejo de lo que nuestras mentes han elegido creer, y todo esto son ilusiones, lo único real es La Luz que emana de nuestra conciencia despierta que reconoce nuestra unicidad con Dios.

Tu y yo nos hemos puesto de acuerdo para crear el dolor, la ira, el rencor, la división; pero Jesús nos recuerda que vino a revelarnos el camino guiado por su luz para aquel que esté dispuesto a ver si abrimos nuestros ojos a través de su mirada, percibiremos su amor en todo cuanto observemos y de esta forma, habremos eliminado la obscuridad en medio de la cual no veíamos.

Práctica:

Dos veces, durante diez a quince minutos.
Con los ojos cerrados en plena calma y la intención de aceptar cuál es tu voluntad, de manera firme y determinada dirás:
“Mi voluntad es que haya luz.
Quiero contemplar la luz que refleja la Voluntad de Dios y la mía.”

Luego pon en manos De Dios, el Espíritu Santo y Jesús, que guíen tu meditación uniendo tu voluntad con el poder infinito De Dios, hasta finalizar.

Adicional hoy varias veces por hora por hora, repite este pensamiento “Mi voluntad es que haya luz. La oscuridad no es mi voluntad.”
Al hacer esta declaración estaremos poniendo fin a cualquier resentimiento.

“Abrigar resentimientos es un ataque contra el plan de Dios para la salvación. Permíteme aceptarlo en lugar de atacarlo. ¿Qué es la salvación, Padre?” Luego espera en silencio y escucha Su respuesta, procura si tienes la oportunidad de hacerlo mayormente con los ojos cerrados.