Es lo primero que viene a mi hoy para que compartamos esta idea; esto hacemos cuando percibimos aquello a lo que llamamos problema, ponemos nuestra mente en un estado de asfixia, sabiendo que la situación podría librarse de tal tortura desde el conocimiento, pues entendiendo lo que acontece al momento de hacer tal barbaridad, obviamente ni lo pensaríamos.
Con las situaciones conflictivas, desde el modo de defensa que se adopta producto del sentido de supervivencia, luchamos por la vida y al mismo tiempo insensatamente nos la negamos, pero desde el sentido de la verdadera Vida, no hay siquiera la necesidad de luchar por ella, sencillamente porque sabemos que no hay más que Vivirla! Permitirnos ver cada circunstancia desde La Luz, nos recuerda que sin importar como hayamos elegido, un sólo instante tiene el poder de modificar esta elección y permitirnos descubrir la plenitud, perdonando nuestros pensamientos distraídos, creando unos nuevos sin ningún tipo de reclamo, sencillamente decidiendo ir hacia adelante.
Imaginemonos caminando un corto o largo trayecto, no importa su extension , por más que regresemos por la misma vía hasta el punto de partida, y sean nuestros pasos los que pisen de nuevo ese camino, el camino que veremos será distinto, y nos lo demuestra la experiencia de ir a un lugar por primera vez, en el que por lo general el camino se hace largo, pero al regreso se percibe corto, esto sencillamente es por la percepción. Ningún instante se repite, más en nuestro miedo repetimos los desaciertos propios o ajenos, hurgando las heridas para luego calificarnos como expertos, cuando en realidad solo enceguecemos, privándonos de ver que en la causa está la solución.
Sencillamente es elegir el presente y solo veremos la dicha de una vida milagrosa, donde se manifiesta la pureza del amor, sin juicio, ni temor.
Práctica:
En la mañana, lee la lección durante cuatro minutos:
79) Permítaseme reconocer el problema para que pueda ser resuelto.
2Hoy quiero darme cuenta de que el problema es siempre alguna forma de resentimiento que quiero abrigar. 3Quiero comprender también que la solución es siempre un milagro al que le permito ocupar el lugar del resentimiento. 4Hoy quiero recordar la simplicidad de la salvación, reforzando la lección de que sólo hay un problema y sólo una solución. 5El problema es un resentimiento; la solución, un milagro. 6E invito a la solución cuando perdono la causa del resentimiento y le doy la bienvenida al milagro que entonces ocupa su lugar.
Luego permanece en silencio y deja que venga la respuesta a ti hasta completar los quince minutos.
Durante el día ante cualquier percepción de resentimiento, aplica tus ideas sobre esta lección:
2Esto supone un problema para mí que quiero que se resuelva.
3El milagro que se encuentra tras este resentimiento lo resolverá por mí.
4La solución de este problema es el milagro que el problema oculta.
En la noche lee la lección durante cuatro minutos:
3. (80) Permítaseme reconocer que mis problemas se han resuelto.
2La única razón de que parezca tener problemas es que estoy usando el tiempo indebidamente. 3Creo que el problema ocurre primero, y que debe transcurrir cierto tiempo antes de que pueda resolverse. 4No veo el problema y la solución como acontecimientos simultáneos. 5Ello se debe a que aún no me he dado cuenta de que Dios ubicó la solución junto al problema, de manera que el tiempo no los pudiera separar. 6El Espíritu Santo me enseñará esto si se lo permito. 7Y comprenderé que es imposible que yo pudiera tener un problema que no se hubiese resuelto ya.
Luego permanece en silencio y deja que venga la respuesta a ti hasta completar los quince minutos.
Durante el día puedes aplicar las ideas concretas ante cualquier ilusión:
2No tengo que esperar a que esto se resuelva.
3La solución a este problema ya se me ha dado, si estoy dispuesto a aceptarla.
4El tiempo no puede separar este problema de su solución.
